Crónica de la Experiencia-LCA
¿Qué es el agujero?

Queremos compartir -en primera persona- algo de la lógica que fue núcleo de esta apuesta, y también algo de la trastienda de lo que fue un acontecimiento, para nosotros y algunos otros. Una experiencia que se valió de la ficción, como revestimiento del objeto a, para crear su narrativa.
Como efecto de un recorrido de trabajo editorial, buscamos hacer pasar la noción de la invención lacaniana con un formato de transmisión que desbordara el marco académico y prescindiera de la teoría explícita. Nos interesaba alejarnos del discurso universitario.
Sabíamos sobre aquello que no marchaba -para nosotros- en las jornadas, congresos y encuentros tradicionales y desde esa incomodidad pudimos avanzar hacia la versión de un acontecimiento que operaba como una a-Jornada. El a se nos volvió instrumento para perforar y que una bocanada pudiera entrar. Este "delirio compartido" no tuvo nada de ingenio: fuimos rigurosos, trabajadores y algo caprichosos en nuestro modo de realizarlo, teníamos algo para decir y nada para enseñar, es por esto que construir una experiencia para ofertar nos pareció la única vía posible.
En las presentaciones de los primeros números intentamos orientarnos por el significante intervención, pero fue en esta última oportunidad donde tomó verdaderamente su alcance, llegando más lejos de lo que hubiéramos podido concebir en años anteriores.
Pujaba la idea de salir a la ciudad, de poner en acto una apertura a dejarnos interpelar por otros, en esta función ubicamos a lxs artistxs y lxs realizadorxs-, que ajenos a nuestro micro-mundo, con preguntas que partían de su desconcierto, nos forzaban a formalizar nuestra propuesta de manera tal que habilitara la conversación.
El Diván Tumbado que nos recibía hacía de su título "Hora cero" el axioma que se daba a leer al ingresar. Partenaire, a su vez, de la obra de arte "Tapiar Bs. As" de Nacho Unrrein, obra que con sus ladrillos y cemento nos mostró que no hay garantía, el muro al igual que todos los revestimientos pueden caer y es allí donde el a se devela. Las obras de arte fueron imprescindibles para evocar al objeto pulsional y bordear eso que las palabras no logran morder. Marcelo Toledo introdujo una instalación que reunía desechos de pandemia y los volvía trozos desmembrados de un cuerpo.
En el primer piso una sala entera le dio lugar a la noción del Analista en la Ciudad, nos mostró su cáscara y logró interpelarnos sobre este punto que todavía pellizca, ¿qué implica salir a la ciudad? ¿Qué causa el deseo de tumbar el diván y vérselas con ese Otro escenario de lo público y lo social?
Lo que no pudo calcularse fue la atmósfera que el circular iba creando, pasillos con gente conversando, bebiendo, niños dando vueltas, paseos por los baños, emociones que trajeron lágrimas y también muchas risas se escucharon como eco de nuestra propuesta. La terraza fue la estrella, este terreno conquistado que hizo que el edificio de Ancón se volviera escenario para el disfrute.
Montamos una escena, "El Restó de Kris" como invitación a jugar, una versión lúdica de las tradicionales mesas simultáneas, con mucho olor a salsa.
El arte fue parte del lenguaje que elegimos hablar, adaptamos Miniaturas en obras de Microteatro, creamos instalaciones y performances; todos estos intentos tenían un punto de anclaje claro, no se trataba de una experiencia artística sino de una experiencia psicoanalítica.
Sostuvimos como política el vacío de los nombres propios que estuvo reflejado en el uso de citas sin autores, que solo remitían a la lectura de la Revista. El vaciamiento radical de esta función fue la apuesta que encerraba la Conferencia Final. Un auditorio lleno de asistentes expectantes de escuchar a "alguien", embriagados con la ficción del invitado estelar, soportaron minutos de oscuridad y silencio para toparse con la nada. Una mesa vacía en un marco teatral introdujo perplejidad, hizo presente lo pulsional y nos devolvió una sorpresa: los aplausos, esos que corroboran que allí algo ocurrió.
El broche de cierre dejaba abierta nuestra posición: ya no espectadores, comprometerse obliga a salir de ese lugar.
Hoy podemos afirmar que la Experiencia-LCA fue una interpretación, a la Escuela, a los analistas, a los modos de transmisión del psicoanálisis y a nosotros mismos. Pudimos hacer algo bello con el malestar, para lo cual tomamos decididamente la ruta de la sublimación. Lo valioso fue corroborar que cada tanto es posible agujerear, tomando una oportunidad para la invención, y en esta ocasión no dejamos pasar.